GARA, 30/10/02


      Denuncias de torturas
      «Vinieron cinco o seis, me sacaron a rastras, caí y comenzaron a golpearme»

      ·Uno de los jóvenes liberado el lunes cuenta los malos tratos sufridos en comisaría. Reitera que ha soportado golpes, vejaciones sexuales y alucinaciones

      «Me sacaron a rastras, empezaron a golpearme por todo el cuerpo. Me tocaban los huevos y el culo, y por detrás simulaban que me penetraban analmente, me metieron la mano por el pantalón». Así relató ayer a GARAEndika Lejarzegi su paso por comisaría. Y reiteró que sufrió alucinaciones: «Veía patas de langostas que venían hacia mí».

      GETXO

      «Sobre las seis de la mañana empezaron a golpear la puerta y a gritar mi nombre». Endika Lejarzegi, uno de los siete detenidos en la operación desarrollada por la Ertzaintza el pasado jueves en Uribe Kosta, inició así el relato de los días en que permaneció incomunicado en manos de la Policía autonómica.

      Tras el registro del domicilio familiar en el barrio Malakate de Getxo, en el que «a mi familia no la trataron bien», le trasladaron a casa de Orkatz Gallastegi, otro de los arrestados, y desde allí hasta Arkaute. Prosigue cuando ya estaban encerrados en las celdas: «Nos dijeron que teníamos que estar todo el rato de pie contra la pared, las manos atrás, que no nos podíamos sentar. Cuando venían, tenías que agachar la cabeza hasta casi la cintura. Ponían música, como si estuvieras en un bar. La luz estaba permanentemente encendida».

      «En el primer interrogatorio me llevaron a rastras hasta un cuarto, me dejaron en la esquina y empezaron a gritarme que fuera cantando; y te niegas, dices que no tienes nada que ver y que se están equivocando».

      El joven getxotarra explicó que, tras dejarle descansar, le llevaron al segundo interrogatorio. «Me dijeron que era un asesino», aludiendo a la muerte en accidente de tráfico de una amiga suya. «Luego (el ertzaina) me llevó a la celda y me dijo: 'te voy a matar'».

      «Vinieron cinco o seis, me empezaron a dar volantazos y me sacaron a un cuarto. Caí al suelo y allí empezaron a golpearme, marcándome en todo el cuerpo. Luego me pusieron en una esquina, me me habrían las piernas hasta quedarme a dos palmos del suelo», añadió.

      El joven llegó hasta la extenuación. «Me mandaban agachar mucho la cabeza, llegando casi a tocar el suelo, empecé a sudar hasta tener toda la ropa empapada. Llegué a golpearme la cabeza para que me llevaran al hospital, pero me frenaron».

      Lejarzegi explicó que «había uno que me cogía por detrás del pantalón para arriba, otro me metía la mano por debajo y me tocaba los huevos, me metía la mano por delante y luego la bajaba y me tocaba el culo. Decían que me iban a encular y que me iban a meter una manguera por el culo y que la iban a abrir. Había gente atrás simulando que me penetraban analmente, pero con el pantalón, notabas el cuerpo a cuerpo. Me llegaron a meter la mano entre el pantalón y el calzoncillo. En adelante fue todo así».

      Aclaró también que ha tenido «marcas en el hombro y en el brazo, que las recogió la forense, porque me llevaron en dos ocasiones adonde ella».

      Subrayó que «era infernal. Dije que me quería morir ­reitera­, pero no sufrir lo que estaba sufriendo. Al final decía que quería hablar y 'me comía' lo que me decían e ibas diciendo cosas que te sonaban que habían pasado, te inventabas todo: Me llevaban adonde me pegaban, así todo, hasta que vieron que estaba al límite, y después de hacer la declaración policial me dejaron en paz».

      Recordó que a partir del segundo día empezó a tener alucinaciones. «Yo veía cómo que salían patas de langostas y pensaba que venían a por mí, veía caras de gente, y que se movía la esterilla. No sé por qué era, algunos dicen que eran alucinógenos. El primer día me hicieron abrir mucho la boca y me metieron un objeto pero no vi qué era, a lo mejor era para la prueba de ADN».

      Informó de que «me amenazaron mucho con las amistades, que les iban a hacer cosas». Como conclusión, admitió que está «moralmente destrozado».

      Los familiares de los detenidos en Getxo y Berango ya comparecieron el sábado en rueda de prensa para denunciar el «comportamiento bestial» de la Policía autonómica durante los registros que efectuaron en los domicilios de los arrestados, en Getxo y Berango. Según comentaron, la Ertzaintza entró en las viviendas «amedrentando a las familias, amenazándolas, encañonandolas».

      Maite Basabe, madre del joven Arkaitz Goikoetxea, mostró fotografías de los hematomas sufridos como consecuencia de los golpes de los ertzainas. «Me llamaron hija de puta y dijeron que hay una bala para mí», relató ante los medios.

      Anteriormente, en declaraciones realizadas a GARA horas después de las detenciones, los familiares subrayaron la «agresividad» mostrada por los agentes. «Nos obligaron a permanecer a la intemperie descalzos, medio desnudos y con las manos en la cabeza durante una hora, mientras nos apuntaban con las metralletas y nos insultaban», explicó el hermano de Goikoetxea al recordar el momento en que, la madrugada del jueves, dotaciones de la Ertzaintza retenían en el peaje de la A-8 en Iurreta a una veintena de familiares de presos políticos que regresaban de un juicio en París. Entre ellos se encontraban Urtzi Paul Larrea y Arkaitz Goikoetxea, que fueron detenidos.

      Asimismo, denunciaron que durante el registro de la vivienda familiar de Orkatz Gallastegi, en Berango, que se produjo sobre las 5.00, el hermano de éste «tuvo que permanecer desnudo en la calle porque no le dejaban entrar en casa durante el registro».

      Tras la inspección de las viviendas de Goikoetxea y Paul Larrea, los familiares y amigos que esperaban fuera de la vivienda para expresar su apoyo a los detenidos también denunciaron haber sido «golpeados y amenazados» por los ertzainas.

      Entre ellos, el hermano de Paul Larrea, que, según explicaron, «recibió una paliza tremenda por indicar a los agentes que había riesgo de que torturaran a su hermano. Se lo llevaron a rastras porque no podía ni andar y, cuando le soltaron, tuvo que acudir al hospital porque le dolía todo el cuerpo».

      Por otro lado, para denunciar el «montaje policial» y «las torturas» relatadas por los detenidos, varias personas cortaron ayer el tráfico en la Travesía de Berango y en la rotonda que enlaza la localidad con Bilbo.


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